domingo, 17 de diciembre de 2017

IX, 43. Herrera modifica una teoría que se sabe

Como Garcilaso y Cetina, también multinacional poeta soldado de Carlos V fue Bernardo Tasso (1493-1569) en Túnez. Y como ellos, su cuarto a espadas y plumas había echado sobre las ruinas de Cartago; que, aunque sagradas, sólo quedaron en su canto como telón de fondo en que lamentar que «Marte sanguinoso» lo hubiera alejado de la amada. De modo que su soneto venció por el lado del yo el característico bitematismo a lo Castiglione: apenas el primer cuarteto de Tasso se dedica a invocar a los restos supuestos de la antigua Cartago y al africano desierto abrasador que lo quisieran escuchar. Así que T = RcT1 + Ya3. Como leímos ya hace tiempo «Sacra ruina che ‘l gran cerchio giri…» (Rime [ed. 1537], III, 9), lo recordaré ahora con pálida versión sonetil mía:

Sacra rüina, que al gran cerco llama
de Cartago ida; desnudas arenas,
de tanta gloriosa memoria llenas
que por ella decae hasta la fama:
escuchad los suspiros que derrama
mi corazón perdido en dulces penas,
mientras, sanguinario Marte, condenas
mi deseo lejos de la luz que ama;
de mí aprended, que ardiendo voy en amores
llorando noche y día tan inquieto,
y del martirio que alienta rigores.
Oh tú, de mis ojos único objeto,
has ido viendo abiertos mis dolores,
pues en mi pecho moras en secreto.

Fernando de Herrera, que se las sabía todas (las poesías y las historias), legó en sus Anotaciones a las Obras de Garcilaso (Sevilla, 1580) la principal poética española del XVI. Comentando el XXXIII del toledano, afirmó: «La imitación d’ este soneto parece que es de aquel tan celebrado que compuso el Conde Baltasar Castellón i traduzió en español Cetina con grande espíritu», que es casi como teorizar un linaje Castiglione à Garcilaso-Cetina. Sin embargo, los dos poetas españoles participaron igualmente del modelo tassiano. En el espacio de estos cuatro sonetos jugó Herrera, que se sabía la teoría, para separarse como poeta de los tres primeros y, arrimándose a Tasso, buscar la originalidad, que según el teorema que esbozaré es asunto estadístico relacionado con una baja frecuencia de uso. Lo hizo en su soneto LXVI de Algunas obras de Fernando de Herrera (Sevilla, 1582), que cito por la edición Cuevas de la Poesía castellana original completa de Herrera (Madrid, Cátedra, 1985, p. 451), modernizando el texto (excepto en la conjunción i herreriana) y modificando algo la puntuación:

Esta rota i cansada pesadumbre,
osada muestra de soberbios pechos;
estos quebrados arcos i deshechos,
i abierto cerco d’espantosa cumbre,
descubren a la ruda muchedumbre
su error ciego i sus términos estrechos.
I solo yo en mis grandes males hechos
nunca sé abrir los ojos a la lumbre.
Pienso que mi esperanza ha fabricado
edificio más firme; i aunque veo
que se derriba, sigo al fin mi engaño.
¿De qué sirve el juicio a un obstinado
que la razón oprime en el deseo?:
de ver su error i padecer más daño.

Donde se aprecia que, en los cuartetos, Herrera procede menos de Castiglione (soberbios, arcos) que de Tasso (abierto, cerco, ojos, lumbre), cuyo léxico va tímidamente imponiéndose. Sin atenerse a tales hechos textuales, comentó Coster: «Parece que el poeta habla de ruinas antiguas y describe una bóveda pesada y pronta á caer (cansada. Los autodenominados positivistas interpretaban de aquella manera: cómo pesadumbre pudiera dar en ‘bóveda’ sigue siendo un misterio. Leyendo así de mal, no resultará tan paradójico que un positivista precisara de la muleta del contexto que, cuando inverificable, se imaginaba. Así que Coster añadió una suposición para este soneto del sevillano Herrera: «Alude acaso a las ruinas de Itálica antigua colonia romana, cercana a Sevilla, que inspiró a Rodrigo Caro su Canción famosa». A la mala lectura y a la suposición, por si supieran a poco, adjuntó la relación meramente erudita («véase») con el soneto IV de Sannazaro, «Famosi colli alteramente nati…», cuyo monotematismo, según se vio en Literaventuras, IX, 30, anda alejado de estos poemas. Es el caso que así (Algunas obras de Fernando de Herrera. Edición crítica por el doctor Adolphe Coster, Paris, Honoré Champion, 1908, pp. 148-149) se obtiene una lectura de autoridad. Con tales mimbres se manufacturaba una historia literaria lista para ser cortada, pegada y copiada sin fin por las venideras promociones de opositores a cátedras.
Pero si de atenerse se tratara a la historicidad formalizada del soneto de las ruinas, la estructura dispositiva de versos 11 + 3, común a Castiglione (C = RT3 + Y1), Garcilaso y Cetina (G = RcT3 + Ya1), fue invertida por Tasso (T = RcT1 + Ya3). Ahora, Herrera la modifica sustancialmente, hasta convertirla en 6 + 8. La primera parte del soneto abarca, en efecto, hasta la mitad del segundo cuarteto (1,5 estrofas), y se dedica a unas ruinas que no son las de Roma o Cartago, sino que, por carecer de nombre, resultan universales, hijas de la mezcla de la terminología de Castiglione para Roma, «estos quebrados arcos i deshechos», con la de Tasso para Cartago, «i abierto cerco d’espantosa cumbre». A partir de ahí, el yo domina en las restantes 2,5 estrofas: primero cierra el segundo cuarteto del modo en que Castiglione, Garcilaso, Cetina y Tasso clausuraban todo el soneto; luego, en los tercetos, Herrera sustituye la lumbre amorosa por la moral: el obstinado se empecina en equivocarse, por mucho que vea que se derriba el edificio de su proyecto vital (y no sólo amoroso).
Así que Herrera innova hacia la universalización del bitematismo de estos sonetos, lo que conlleva una estructura que, derivada de las anteriores, las modifica sustancialmente. Las ruinas sin nombre (Rx), unidas al tiempo que es motor implícito y destructor en todos estos poemas (T), dan paso a una reflexión moral (m) por parte del yo (Y) que sufre la misma destrucción que los soberbios edificios, con los que se metaforiza. La fórmula herreriana (H), por tanto, es H = RxT1,5 + Ym2,5.
A la vista de tales hechos, debemos reajustar la diagonal del linaje histórico del soneto de las ruinas:

Antes de
1529
Castiglione
C = RT3 + Y1

Antes de 1537
Tasso
T = RcT1 + Ya3

Antes de 1536

Garcilaso
G = RcT3 + Ya1

Hacia 1541
Cetina
G = RcT3 + Ya1

1582
Herrera
H = RxT1,5 + Ym2,5

Es que la razón invocada por Herrera debe conducirnos, por sobre el deseo, a evitar la historiografía fake.


domingo, 17 de septiembre de 2017

IX, 42. Un «fútil detalle»

El verso clave (o sea, llave) de la preceptiva autosonetil de Blengio, «y si al concluir le cierra llave de oro», el trece tenía que ser, resulta musicalmente mejorable: es, mira por dónde, el «fútil detalle» que «empaña» el «decoro» (v. 9) de este soneto. Su llave dista de ser «de oro», pues resulta ['dóro]. Porque el nimio detalle que provoca el estropicio es, en este caso, fonético. Para comprobarlo, debemos radiografiar el soneto de Blengio: pasarlo por los rayos X del AFI, el alfabeto fonético internacional.

domingo, 10 de septiembre de 2017

IX, 41. Manual de instrucciones

Principio básico del conocimiento es que éste se conquista en los detalles. No hay dato, hecho o signo que no los ofrezca para detectar en ellos pautas y extraerles tendencias. Requisito no menos básico es armarse de paciencia para descifrarlos. Un ejemplo claro se echa en falta para ilustrar el proceso. Sea el siguiente mensaje:

viernes, 25 de agosto de 2017

V, 24. Horneado narratológico

Hay individuos que viven por costumbre en el futuro, mientras aguardan pacientes a que los demás lleguen. Medio siglo, a veces: al autor del Lazarillo de Tormes (1554) se le harían largas las horas esperando al Guzmán de Alfarache (1599-1604), de Mateo Alemán, para hacer juntos que arrancara la novela moderna. Sucede en todo ámbito: el 27 de julio de 1993, Javier Sotomayor sobrepasó unos inconcebibles 2,45 metros. Su prodigio no es que resista al tiempo: es que, durante cada prueba de salto de altura disputada en un estadio cualquiera del mundo, sigue adelantándose, en dos décadas ya, al instante en que otro atleta lo supere. Por su Morfología del cuento (1928), Vladimir Propp, esa mente maravillosa, pertenece a la extraña estirpe de quienes se ponen el calendario por montera.

martes, 15 de agosto de 2017

IV, 22. Endogamia y biodiversidad

Situados ya en las puertas del XVII con el caso de Covarrubias, y antes de continuar explorando la historia de la palabra raza en sus definiciones y usos, convendrá trazar un mapa del sistema social en que se produjeron los hechos de habla y se desarrolló la tarea de los lexicógrafos. Como ante las complejidades y complicaciones de cualquier sistema del pasado, el observador actual tiende a traducirlas filtrándolas a través de los rasgos del modelo en que vive él. Inevitable entonces que en esa operación el pasado se simplifique.